domingo 21 de febrero de 2010

EL SUICIDIO (ABUSO DEL GIGLICO)

La toxicidad, la podredumbre, la queroncidad de ella viviendo conmigo. Me resultaba sucia, de mala fe y poco entendimiento, de cortas aspiraciones y falta de esperanzas para con ella misma, me laperaba hasta no poder más, y dormíamos bajo el mismo techo mal pintado. Los días húmedos y calurosos duraban más que un día, y todos pasaban a su lado, lamiendo el piso y las paredes con asquerosa intacidad y aperable intromancio. Escucharla quejarse y molestar, siempre sopriendo como queriendo atraparme en su ampersa pitromancia, como intentando que captara con cada ómosis de mi cuerpo su ampersa y burlona pitromancia; así las noches se veían ajenas y sáclimas, claro, durando más que una noche. Pero fue durante un ciurno que, ya cansada de nuestro bipolar antamento (por su malterable intento por traferme de orminar una gálgala), me vi sin más remedio que soviantar mis más pétrimos soplecios, inclamando mis tárides y gabiantando mis éfimos gofos, sin otra visible solución que pomutir contra su arcio bífime, voriéndola y matándola. Y sí, fue mientras ella agonizaba en el peto y aclimaba sus fomes trunas que yo comprendí, que por fin avianté la porla y rofé el tociferio, que la verdad era que ella no era más que mi agonía.

FDA

sábado 13 de febrero de 2010

MIS ROMEO Y JULIETA

Ella.
Lo maté, fue una locura pero lo hice. María está desesperada, recorre el monoambiente por cuarta vez mientras se golpea todo el contorno del cuerpo con las manos, desde la cabeza hasta los muslos, es curioso que quiera llorar pero no pueda. Era todo tan confuso: peleas, gritos, forcejeos y súbitamente paz; recuerdo muy bien lo que sucedió, tan involuntario pero con ganas certeras, y así, luego de cometer mi crimen, pero ¿qué crimen? Él destrozó mi corazón, y yo el suyo... la diferencia es que el mío siguió latiendo. Se la ve gritándole al espejo, tal vez piense que es otro o tal vez piense que es ella, en cualquiera de los dos casos podemos estar seguros que está equivocada. Tiemblo catalépticamente con sólo pensar que su dulce voz nunca más va a acariciar mi nuca, que sus labios no van a volver a rozar mi pelo o que sus ojos no me van a volver a encontrar; nunca, jamás. Se sienta en la cama baja, recién tendida, parece que piensa pero ya lo pensó todo, ya lo sabemos todo María, y sin embargo se te ilumina el rostro. Y como si nada, una duda me surge y empieza a escarbar adentro de mis manos, que se mueven convulsivamente por obra del nuevo sentimiento; una culpa completamente inequívoca me carcomía los sesos y hacía que saltaran nuevas ideas, tal vez un próximo asesinato. Se le veía en los ojos desde hace rato, quiere matar y adelante, es reincidente como todos, no tiene límites, juventud de porquería. ¿Para qué? Se pregunta la mitad de mi ser, mientras la otra no encontraba más respuesta que un llanto amargo, y así se desencadenó una lucha interna por el silencio del alma.
¡Pero si él me obligó, sí, fue él! ¿Por qué tuvo que haber dicho esas palabras que sacaron todo de mí? Terminé sintiendo tanto vacío, que sin poder evitarlo la culpabilidad me llenó. Era mi todo, fue mi todo, pero yo era fría como el hielo o más aún y no podía dejar que viera una lágrima mía. Mi orgullo predominaba sobre todo lo demás y justificaba mi acción de manera ilegítima.
Sólo me tranquilizaba el pensar que él había terminado todo con esas hirientes palabras minutos antes de que yo lo terminara.
Pasé por delante de un espejo y únicamente pude ver el reflejo del dolor, una cara pálida y miles de lágrimas que no me dejaban respirar libre. Casi como un flash de película vi a mi adorado, masacrado por mi enfermo amor recientemente lastimado. Él ya nunca más tendría la posibilidad de amar, y yo tampoco. A menos que...
De la nada brotó una vaga idea, que sacando tallo me mostraba que quizás él había recapacitado y podríamos volver a ser felices otra vez, como antes, como cuando nos queríamos. Entonces me ensombreció otra expectante idea, sólo había un lugar donde nos podríamos reunir. Sólo uno.
Mi duda acabó conmigo.

Él.
Me levanté y era una mañana como tantas otras, salvo que una nostalgia dulce me embriagaba. No paraba de preguntarme si había hecho bien al dejarla, y así las excusas tontas me sujetaban convenciéndome de que no la necesitaba, pero ¿así era? Mientras pensaba me iba acercando al baño, ducharme siempre me aclaraba.
Verla llorar y rogarme me lastimó profundamente, pero no le podía mentir, por respeto a nosotros, a que alguna vez había sentido algo por ella o eso había creído, no podía. Ya no la quería más, o eso me mentía. Es que Sandra tenía esa forma tan encantadora de inducirme a que la dejara. Insistía en que esa chica no era para mí, que nosotros estábamos hechos el uno para el otro. Entre caricias terminaba por convencerme de lo que ella quisiera, y ya saben que la carne es débil.
Así de fácil fue como un día me decidí y la dejé, y aunque ahora surgieran las dudas, para mí no había sido más que otra huella en mi vida. No había llegado a amarla, por consecuente, no podía sufrir. Para serme completamente honesto lo que esperaba era que ella me llamara y que se humillara por mí. Suena vil de mi parte, pero nadie me creía que estaba loca y lo merecía.
Salí del baño y mientras me cambiaba el teléfono sonó. Mi primera reacción fue sorprenderme, no podía pensar, terminé de vestirme a las apuradas y fui inmediatamente a su casa. En el camino me di cuenta que no entendía exactamente qué era lo que estaba pasando, no había tenido tiempo de razonarlo, me había tomado por completo desprevenido y un mal presentimiento culminó con mi nerviosismo.
Entré de un portazo, y la vi ahí tirada bañada en sangre. Ni la sonrisa en su cara ni la nota hicieron falta para que terminara por fin de comprender que mi mundo era la criatura que se encontraba tirada en el suelo, que lo había entendido en el único momento en que no podía decírselo, que no podría vivir de ahora en más sin ella. Volví a casa, desesperado rompí un espejo. De a poco fui sintiendo el dolor del vidrio penetrando en mis muñecas, cortando mi vida, cada vez sentía más sus brazos alrededor de mi cuello, dándome vida.
FDA

sábado 12 de diciembre de 2009

LA MUJER DE MIS SUEÑOS

Cada vez que me pongo a pensar en la mujer de mis sueños me quedo dormido y la cuestión se simplifica al punto de solo soñarla.
Toda mi vida la imaginé como una chica joven, en la flor de su vida; de pelo largo, rubio y algo ondulado; de maneras suaves, voz dulce, sonrisa agradable y ojos sinceros; alta, esbelta, bonita sin caer en la vulgaridad de la voluptuosidad; hacendosa, desenvuelta, práctica y simpática; graciosa para moverse e inteligente para hablar.
Pero resulta que cada vez que me quedo dormido, cada vez que me pongo a pensar en ella e inevitablemente me quedo dormido, dentro de ese sueño maravilloso a la única mujer que encuentro es a vos.
FDA


domingo 29 de noviembre de 2009

EL DIA DE MARIA

María llega a casa, entra, no es normal quedarse afuera. Mete la llave, hace uso del picaporte y pasa por el umbral, después gira, entorna la puerta y repite lo de la llave, simple y mecánico. Tira las cosas por cualquier lado, son las cosas que salen todos los días frente a la envidia del resto del mundo por más que al final de la jornada terminen en el suelo, y hace lo primero que haría cualquier persona normal al llegar a casa: prepara el mate, amargo y caliente, como la bronca. María tiene ganas de verlo, pero sabe que si lo ve, si se da el gusto de verlo, después ya no lo va a querer ver, no lo va a querer, es que extrañar implica distancia y soledad, necesidad y abstención, melancolía y soledad, ganas y abstención. Pero evidentemente, María no reflexiona demasiado sobre todos estos pormenores porque lo llama para que vaya a hacerle compañía, inmediatamente de ser posible, para volver a extrañarlo también lo antes posible. Y él claro que va, porque para él extrañar es algo extraño, ajeno, conciso por no decir casi inexistente, es una palabra que algunos usan para describir algo que él nunca sintió.
El día de María es repetitivo, porque aunque los domingos no trabaja igual se queda en la calle caminando para simular las horas en la oficina, es que le da miedo quedarse en casa y pensar. Porque cuando María piensa pasan cosas raras, la última vez me acuerdo que el ruiseñor se disfrazó de canario para cantar de día, cuando la vio a María pensando quiso cantar pero tenía terror que la Asamblea de Pajarillos Unidos lo echaran del sindicato, y como cuestan los hoteles particulares hoy en día…
Después que termina su jornada laborable (María tiene un trabajo normal, ella simplemente sella los papeles de quienes quieren hacer un reclamo en la Oficina de Comportamiento Social, que para aquellos que viven en un termo les cuento que es donde algunos nos la pasamos llenando formularios por todos otros aquellos zopencos que tiran los boletos del colectivo en la calle; y estoy gustosa de decir que la semana pasada María obtuvo un ascenso por haber reemplazado el vulgar sello azul marino por uno verde claro con pintitas amarillas y rojas, con lo cual todos los que presentaban reclamo salían conformes y contentos de la oficina por la buena atención, dejando recomendaciones de ascenso para esa chica tan bonita y amable) María siempre va a casa, no le gusta mucho quedarse dando vueltas.
Y a la hora de dormir el trámite es sencillo, María se pone el pijama y se mete en la cama donde sabe que la van a molestar unos párrafos de Dostoievski, dos o tres pesadillas, un vaso de agua, algunas canciones en la radio y finalmente el alba que le indica que un nuevo día con su correspondiente rutina están a su puerta.

FDA


martes 24 de noviembre de 2009

CONCEPTOS: SOBRE LAS OVEJAS EXPONENCIALES

Cuando el cansancio no ayuda al sueño y la adrenalina previa al parcial conduce los momentos anteriores a rendirse al incierto inconsciente, la antigua sugerencia de contar ovejas cobra vida. El problema, como me planteaba una amiga semanas antes de verdaderamente detenerme a pensarlo, es que pasado un cierto número el caudal de ovejas se vuelve mentalmente inmanejable (por lo menos en tiempo real), y ahí fue cuando me di cuenta que no eran las fórmulas físicas o la excitación por estar a horas de rendir lo que me dejaba con los ojos abiertos tendida en la cama, sino el hecho de que era incapaz de contar ovejas para dormirme.
Resulta estúpido de leer, incluso de pensarlo, pero (también a costa de horas de sueño) llegué a una explicación lo suficientemente razonable como para poder escribirla sin avergonzarme: que casi todas las personas, gente, que utiliza este método se duerme antes de poder hacerse la imagen mental de más de una oveja saltando la cerca, cruzando el charco o andando en bicicleta al mismo tiempo. Pero como yo era físicamente incapaz de sucumbir a los llamados del dios Morfeo, me quedé despierta el tiempo suficiente para apreciar el desfile perfectamente organizado de mis lanudos animalitos. El por qué de su organización, radica como es de suponerse, en el carácter de exponencial en la función que describe su movimiento: el número de ovejitas que pasaban por delante de mis ojos respondía a o=2^x (porque encima se las ingeniaron para estar en binario las muy turras).
Mi sorpresa no fue el darme cuenta que las ovejas tenían una apreciable habilidad para cálculos complejos de análisis matemático (dado que los llevaban a cabo pre-diferido) sino que yo había descubierto su habilidad tanto de análisis y gráfico de funciones como de sistemas de numeración... Creo que de ahora en más voy a ir con más cuidado de lo que pienso, porque si sigo sacando a la luz peculiaridades animales, cualquiera de estos días me van a encontrar con un cuchillo en la espalda y una bola de lana tapándome la boca.
FDA


miércoles 18 de noviembre de 2009

MALDITA, MALDITA SEA

Maldita conciencia social, me compré un paquete de galletitas y no puedo tirar el abre-fácil a la calle porque tengo maldita conciencia social. Tampoco puedo subir primera al colectivo, ni viajar sentada, cruzar cuando el semáforo está en verde, empezar a comer hasta que estén todo sentados a la mesa, dejar pasar a un chico que arrancó una hojita sin decirle nada, sacar la basura fuera de horario. No sé muy bien si es un defecto, un fallo del sistema (no social sino de MI sistema) o qué; tal vez sea una deficiencia de mi inconciente por lo que mi conciente funciona al doble y trata de suplir las falencias mediante concientización ajena, es una necesidad interior de inmiscuirme en los asuntos de los demás, molestar su existencia para el bien social o propio, pero como soy parte de la sociedad también es un bien social, creo.
Y entretanto el colectivo no viene, no hace calor pero el sol pesa y jode; como siempre, el colectivo que espero no viene ni se asoma por la esquina de dos cuadras adelante, como siempre las otras líneas pasan inmutables y veo como los choferes se rien de mi figura tal vez demasiado abrigada y transpirada. Y cuando ya estoy en viaje sigo pensando en las implicaciones de mi compromiso con el pueblo, con las personas, con mi porvenir. Maldito sea el día que me di cuenta que necesito pensar, maldito el día que me prometí cambiar algo, hacer la diferencia, militar. Maldito el día que me di cuenta que el amor no existe, que es una mentira de supervivencia, que todos nos mentimos para pasarla bien. Maldito sea el día que me hice vegetariana, que me empezó a gustar la música que no se consigue, que decidí no ser idiota, que quise vivir de la escritura, que me dejó de importar la estética, que lei libros que abren la cabeza, que pensé como socialista, que supe vivir a contramano.
Ok, llegamos a la facultad, cuando el bondi pare voy a bajar y mi mente se va a ocupar de problemas, de cosas reales, de ciencias exactas, bajo los escalones, no de divagaciones felices como son maldecir la vida, putearla por lo que es. Y entonces lo último que pienso es maldita época de parciales y sus dudas existenciales.
FDA


sábado 7 de noviembre de 2009

LA VERDAD DEL ANTOJO VOL II

No sólo es un antojo de matar, sino de hacerlo en el más puro de los esquemas, en el que no entra en juego la venganza, el rencor, el despecho, la envidia, o cualquiera de las vilezas que empobrecen la visión del arte; Juan está ante la oportunidad más sublime que les es regalada a sólo algunos seres elegidos por algunos otros. Justamente arte, ésa es la palabra para las ganas de Juan, a él se le antoja incursionar en una nueva rama del arte, una forma de expresión sin precedentes, matar por amor al arte. Satisfacer esa demanda interna de sangre a manera de expresión del ser, a través de un canal premeditado, por medios aceptados, en vías de desarrollo y perfeccionamiento.
Juan piensa todo esto y además que la clase de esa mañana va a ser particularmente aburrida (la profesora de Inglés avisó dos días antes que iba a faltar y le agregaron hora y media de Geografía, desde siempre Juan se preguntó cuándo había empezado a detestar la materia), que se acaba de manchar la remera con el dentífrico, que no tiene ganas de desayunar, que tendría que cambiar la radio que escucha a la mañana porque ésa ya no le gusta más, que la mancha es grande y se va a tener que cambiar la remera. Salvo por el antojo, el día es normal y nublado. Y también de los mejores que Juan vaya a tener, porque él se levanta absolutamente decidido a ello.
(No sé si notaron la importancia de la definición del día antes de que esté empiece, no horaria sino rutinariamente; cuando uno se levanta y dice que ése va a ser un mal día todo pasa, el colectivo no llega, la panadería hace huelga, el café viene frío, el diario te mancha los dedos, el desayuno te cae mal y te lo recuerda todo el día, si saliste abrigado seguramente va a hacer calor y si, en cambio, decidiste ir liviano de ropa se va a levantar la tormenta del siglo, en la escuela te van a llamar para dar parte o en el trabajo te vas a llevar encargos extra, alguna baldosa se va a aflojar por los segundos necesarios para que metas el pie, o un vecino te va a hacer notar lo linda que ese día salió vestida tu madre, hermana, hija o mujer. Pero, si al poner un pie fuera del acolchado pensamos que ése puede ser un buen día, o por lo menos un día normalmente bueno, la cosa va a ser completamente distinta. No voy a entrar en detalles, solamente imaginen lo contrario al mal día descripto, salvo por lo del comentario sobre la parte femenina de la familia que siempre pasa.)

FDA